sábado, 11 de septiembre de 2021
Una introducción al estudio del futuro
El futuro ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad. La posibilidad de pensar en el futuro constituye un rasgo cultural que nos distingue de otras especies animales. El futuro proporciona identidad y sentido a nuestras acciones presentes. Genera una diversidad de emociones y sentimientos –miedo, resignación, preocupación, inquietud, esperanza, confianza- de los que nadie puede abstraerse. Constituye un poderoso referente en la vida de las personas y sus sociedades.
Es tal el interés por el futuro, que hemos diseñado las formas y artilugios más extraños para escudriñar sus secretos. Como fenómeno ligado al mundo de lo sobrenatural se ha acompañado de mitos, profecías y formas de adivinación que subsisten hasta nuestros días. El tarot, la quiromancia, el zodiaco, los caracoles, el café y hasta las cenizas del tabaco, entre muchas otras formas, prometen revelar imágenes y hechos vitales para las personas. En cada caso, el adivino deberá interpretar cada uno de los signos que se revelan del futuro y convertir en certezas los miedos y expectativas de los azorados clientes.
El futuro también está presente en la construcción de lo social. La utopía como referente de la sociedad deseable –reflejo de la aspiración social por recuperar los valores universales- está presente desde la época clásica. La utopía nos seduce por su perfección y nos incita a refundar nuestras sociedades, aunque seamos conscientes de su condición meramente ideal. A pesar de vivir en una llamada “crisis de las utopías”, existe una resistencia consciente o inconsciente a olvidarlas. A lo largo de la historia, han constituido una poderosa fuerza movilizadora capaz de transformar sociedades enteras.
La literatura también demuestra el interés humano por el futuro. Desde la genial visión de Julio Verne, hasta la iconografía de la ciencia ficción, seguimos haciendo preguntas y buscando respuestas en nuestro imaginario colectivo. La esperanza en la ciencia como motor de la modernidad nos ha llevado a pensar en viajes espaciales y expediciones a otros mundos; pero también nos ha mostrado visiones apocalípticas y deshumanizadas de un mundo que no queremos que ocurra. Aldous Huxley, George Orwell y hasta el propio H.G. Wells nos han advertido sobre esas pesadillas distópicas a las que, irremediablemente, nuestras sociedades parecen dirigirse.
Fue hasta los inicios del siglo XX que el futuro ingresa a las universidades y se convierte en un objeto de estudio más o menos respetable. Sus principales iniciadores y representantes se ubican en las escuelas norteamericana y francesa, aunque se han dado avances significativos en diversas latitudes. Los estudios del futuro (future studies) constituyen la base sobre las que se construyen un conjunto de disciplinas con diferentes enfoques, tipos y metodologías de aproximación al futuro.
Los estudios del futuro tienen un interés generalizado en diversos sectores tanto empresariales como gubernamentales. Sustentan la toma de decisiones y moldean los principales ejes de la agenda pública. Existen diversas organizaciones en el mundo dedicadas a generar futuros en diferentes campos. También existen asociaciones profesionales dedicadas a diversos temas. Es un campo académico y profesional en constante innovación.
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